
Tic-tac, tic-tac, tic-tac... y de repente se paró el tiempo, un
escalofriante silencio me recordó su presencia, cercana, tal vez
demasiado, tenía la mirada clavada en el suelo, confusa y asustada, algo
cobarde si cabe, que luchaba por mantenerse en dicha posición, pues no
estaba segura del daño que pudiera producirse en mí al levantar la
vista.

De
pronto sentí una leve caricia subiendo por mi mejilla, y no, no lo
reconocí por el tacto, ese ya casi está olvidado, el tiempo poco a poco
no borró, pero intentó disimular su marca.
Una voz conocida me
susurra algo al oído, algo que no consigo entender, pero que desprende
un gran significado lleno de sentimiento.

Una
sensación de eterno bienestar envuelve cada poro de mi piel, y se puede
respirar felicidad en el ambiente, tal vez comparada a la que tu cuerpo
desprende al abrazar a alguien a quien has echado infinitamente en
falta, alguien con quien has soñado despertarte un día y encontrarlo a
tu lado, haciéndote saber que solo ha sido una cruel pesadilla, que
nunca volverá a separarse de ti.

Es
en ese momento cuando te da por levantar la vista, miras al frente y
comprendes que todo lo anterior no ha sido más que una composición a
partir de todos aquellos momentos que echas de menos, aquellos que te
solían sacar una sonrisa y que ahora tienes tan lejos, aquellos que te
recuerdan momentos mejores, eternas sonrisas y miradas que hechizaban
solo con la luz que desprendían.
En ese momento, alegría y
melancolía se unieron, reflejando en mi expresión una intensa sonrisa, a
la vez que se me cayó una dolorosa lágrima.
No hay comentarios:
Publicar un comentario