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martes, 19 de noviembre de 2013

Alegría y melancolía se unieron

Tic-tac, tic-tac, tic-tac... y de repente se paró el tiempo, un escalofriante silencio me recordó su presencia, cercana, tal vez demasiado, tenía la mirada clavada en el suelo, confusa y asustada, algo cobarde si cabe, que luchaba por mantenerse en dicha posición, pues no estaba segura del daño que pudiera producirse en mí al levantar la vista.
De pronto sentí una leve caricia subiendo por mi mejilla, y no, no lo reconocí por el tacto, ese ya casi está olvidado, el tiempo poco a poco no borró, pero intentó disimular su marca.
Una voz conocida me susurra algo al oído, algo que no consigo entender, pero que desprende un gran significado lleno de sentimiento.
Una sensación de eterno bienestar envuelve cada poro de mi piel, y se puede respirar felicidad en el ambiente, tal vez comparada a la que tu cuerpo desprende al abrazar a alguien a quien has echado infinitamente en falta, alguien con quien has soñado despertarte un día y encontrarlo a tu lado, haciéndote saber que solo ha sido una cruel pesadilla, que nunca volverá a separarse de ti.
Es en ese momento cuando te da por levantar la vista, miras al frente y comprendes que todo lo anterior no ha sido más que una composición a partir de todos aquellos momentos que echas de menos, aquellos que te solían sacar una sonrisa y que ahora tienes tan lejos, aquellos que te recuerdan momentos mejores, eternas sonrisas y miradas que hechizaban solo con la luz que desprendían.
En ese momento, alegría y melancolía se unieron, reflejando en mi expresión  una intensa sonrisa, a la vez que se me cayó una dolorosa lágrima.

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