Es en días como estos en los que te pones a pensar. Días de cielos grises y bajas temperaturas, ruido proveniente de las gotas de lluvia decididas a suicidarse contra tus cristales, ruido que en ocasiones, viene acompañado de truenos, de los rayos más potentes, rayos fuertes, con luz propia y personalidad. Hasta ellos, que por naturaleza han sido creados para reflectar luz en las noches más oscuras, terminan cediendo y agotando su luminosidad.
Ruido fuera, silencio dentro, dentro de tu casa, dentro de ti, ni una palabra. Estos días son para pensar, no para hablar, tal vez porque ya no tienes un hombro en el que llorar, un pilar en tu vida en el cual sostenerte, ya no... ahora solo te queda navegar a la deriva en tu propio mar de lágrimas, con la esperanza de llegar a algún sitio que calme ese dolor, aunque en lo más profundo de tu ser sepas que no, que no existe esa esperanza.
Mis ojos se clavan en el reloj del salón, y mi pensamiento retrocede unos años. Pensarlo bien, cuando nacemos todos nacemos llorando, sabíamos que la vida es mala, y a los ingenuos que sonreían les pegaban, para que lloraran. Dicen que se hace para coger aire, yo pienso que no es más que otra forma de enseñarnos lo que es la vida.
Mas no, el ser humano señores, ese que presume de la más desarrollada inteligencia, ese que se enamora de la piedra con que tropieza. Se engaña a sí mismo pensando que la vida es bella, haciendo planes perfectos que nunca se llevarás a cabo. Viviendo sueño que se vuelven fracasos.
Eso son los hombres, soñadores que sueñan con amor, sin saber que se trata tan solo de una ilusión creada por mentes que temen la soledad, sin saber que su cruel fachada, es la más fiel compañera, pues como buena amiga, está ahi, más en las malas que en las buenas.
Esos soñadores, no cesan de hablar de libertad, bonita metáfora que engloba lo imposible, pues nadie es dueño de ella, mientras todos la desean.
Presos, todos estamos presos, ya sea por el trabajo, la escuela o la universidad. En nuestros primeros años somos presos de nuestros padres, y una vez terminado eso, presos del dinero, la cultura, la religión. Presos de un trabajo, de los sentimientos.
Lo único libre son nuestros pensamientos, y aún así estamos presos en una sociedad que critica a quien los plasma. Permíteme reirme cuando hablas de libertad, porque ni tú ni yo la lograremos nunca, , siempre seremos presos de algo, encerrados con unos barrotes que nos hacen ver, a su antojo, lo que está mal y lo que esta bien.
Permíteme decirte que sí, lo echo de menos, eso de ser la ilusa de antes, la niña que sonreía al mundo porque quería comerselo, resulta que él se la comió a ella primero.
Echo de menos no tener la mirada fría, confiar de antemano en la gente sin pararme a pensar si debo o no llamarle amiga. Claro que lo echo de menos, al igual que echo de menos sus mentiras, sus para siempre, sus te quiero y sus buenos días.
Echo de menos ser inocente, pero maduré con cada herida, tengo claro que en este juego todos somos peones, que nadie golpea más duro que la vida, que nos movemos con los corazones y que fingimos las sonrisas.
Mis ojos se clavan en el reloj del salón, y mi pensamiento retrocede unos años. Pensarlo bien, cuando nacemos todos nacemos llorando, sabíamos que la vida es mala, y a los ingenuos que sonreían les pegaban, para que lloraran. Dicen que se hace para coger aire, yo pienso que no es más que otra forma de enseñarnos lo que es la vida.
Mas no, el ser humano señores, ese que presume de la más desarrollada inteligencia, ese que se enamora de la piedra con que tropieza. Se engaña a sí mismo pensando que la vida es bella, haciendo planes perfectos que nunca se llevarás a cabo. Viviendo sueño que se vuelven fracasos.
Eso son los hombres, soñadores que sueñan con amor, sin saber que se trata tan solo de una ilusión creada por mentes que temen la soledad, sin saber que su cruel fachada, es la más fiel compañera, pues como buena amiga, está ahi, más en las malas que en las buenas.
Esos soñadores, no cesan de hablar de libertad, bonita metáfora que engloba lo imposible, pues nadie es dueño de ella, mientras todos la desean.
Presos, todos estamos presos, ya sea por el trabajo, la escuela o la universidad. En nuestros primeros años somos presos de nuestros padres, y una vez terminado eso, presos del dinero, la cultura, la religión. Presos de un trabajo, de los sentimientos.
Lo único libre son nuestros pensamientos, y aún así estamos presos en una sociedad que critica a quien los plasma. Permíteme reirme cuando hablas de libertad, porque ni tú ni yo la lograremos nunca, , siempre seremos presos de algo, encerrados con unos barrotes que nos hacen ver, a su antojo, lo que está mal y lo que esta bien.
Permíteme decirte que sí, lo echo de menos, eso de ser la ilusa de antes, la niña que sonreía al mundo porque quería comerselo, resulta que él se la comió a ella primero.
Echo de menos no tener la mirada fría, confiar de antemano en la gente sin pararme a pensar si debo o no llamarle amiga. Claro que lo echo de menos, al igual que echo de menos sus mentiras, sus para siempre, sus te quiero y sus buenos días.
Echo de menos ser inocente, pero maduré con cada herida, tengo claro que en este juego todos somos peones, que nadie golpea más duro que la vida, que nos movemos con los corazones y que fingimos las sonrisas.
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