Translate

martes, 27 de agosto de 2013

Mis amigos, mis hermanos.

Esta entrada va dirigida a esos amigos de verdad que siempre están a tu lado, personas imprescindibles en tu vida que cada uno ha dejado un pedacito de él en ti.
Hablo de esas personas que llegan a ti sin ningún motivo, una mera coincidencia, un capricho del destino, y después de eso nada vuelve a ser igual, tu vida da un giro de 360º y más que amigos, se vuelven hermanos.
Esos amigos no tienen que ser de toda la vida, no tienen por qué tener tu misma edad, ni vivir en tu mismo pueblo.
Esos amigos son gente que aunque no te conociera, te aceptó tal y como eres, y no se centró en "cómo fue", sino en "cómo es ahora", personas que desgraciadamente no conociste en tu pasado, pero están en todo momento en tu presente, e imaginando un futuro lleno de planes alocados, y lo más importante: juntos.
Esos amigos no tienen que ser iguales a ti, lo bonito es que diferentes personalidades se acepten y compartan, como hermanos que son, aunque no de sangre, si de corazón.
¿Y distancia? ¿qué es eso? el mundo está en nuestras jóvenes manos, mucho más chico que nuestra mente y ganas de pasar un día entre los que más quieres.
Amigos, esa es la verdadera amistad en todo su esplendor, y yo tengo la suerte de haber encontrado a personas maravillosas, en tiempos en los que se llama amigo al primer niñato que sale de fiesta una vez en la vida contigo. No señores, esos no son amigos, todo el mundo está en lo bueno, pero cuando pasa algo todos huyen de los problemas para no ser salpicados. No estén tristes, es natural, y lo bueno NO abunda. Sonrían, porque si alguien se ha quedado en los malos momentos, merece la pena, ese es tu amigo, y créanme cuando les digo que escasean.
Esta entrada va por ustedes chicos, esos pocos que sobrevivimos a una sociedad donde los amigos se critican y dan puñaladas por la espalda. Lo sé, todos hemos tenido "amigos" de esos. Pero ellos no tendrán el privilegio de contar con gente increíble como yo.
Hermanos, sois grandes.

jueves, 22 de agosto de 2013

El frío de septiembre.

Y como cualquier otro año, vuelve septiembre, cerrando un capítulo de nuestras vidas, para dar paso a otro, mejor, peor, o quizás igual. Pasa el tiempo y se acaba el verano, te haces cargo de la situación, sabes que pronto volverá esa monótona rutina de la que ansias escapar, pero te absorbe.
Septiembre, brisa que eriza tu piel con un frío que creías olvidado, acostumbrado ya a las noches interminables de risas y locuras que te aporta el verano.
Para algunos, es el frío de una despedida, tan rápida y tan dolorosa, tan poco creíble para quien la vive. . . un frío que te congela el alma y hace que te cueste respirar, dando paso a un duro invierno de suspiros y colores tristes.
Para otros, es el frío que alivia, un reencuentro, que inesperadamente abra una puerta, y sea el comienzo de algo que esté por llegar. Dicen que cuando una puerta se cierra, otra se abre, y no sé si estoy totalmente de acuerdo, de hecho septiembre y su frío quiebran mis huesos y palabras, para entristecer al más fuerte de mis sentimientos.
Ese frío de septiembre, que elimina todo el calor que trae consigo el verano. Pero ese frío  de septiembre. . . es igual que mi persona. Al menos eso dicen, dicen que soy fría, olvidando que el hielo quema tanto como el propio fuego.