Hola niño, y sí, te estoy escribiendo a ti, para decirte que siempre estuviste ahí, más escondido o más descubierto, más olvidado o más recordado, pero una parte tuya siempre estuvo ahí, dentro de mí, recordándome momentos pasados, y un final no delimitado, porque no cerramos nuestra puerta, nos olvidamos de echar el candado, y ese capítulo nuestro, en vez de cerrarlo, lo dejamos encajado.
Lo que pasa con las puertas encajadas es que se abren con una ráfaga, ya sea por viento o por recuerdos, por momentos o sentimientos, se abren y se cierran, impidiendo que se abran otras puertas, impidiendo que continúe nuestra historia.
Pasan los años, y creemos que se olvidan las cosas, que la distancia todo lo separa, y el tiempo lo cura todo.
Me atrevo a decir que eso es mentira, porque yo sigo aquí, escribiéndote a ti, y atreviéndome a decir, que me enamoré de ti. Porque las heridas del corazón, no son una ilusión, y como decía mamá, las heridas no se tocan, porque si lo haces dejan cicatriz, y que razón tenía...
Esas heridas, con el tiempo ya no duelen, pero la marca que dejaron siempre estará en ti, y es por eso que me atrevo a decir que sí, que sigo enamorada de ti.
Pasan los años, y creemos que se olvidan las cosas, que la distancia todo lo separa, y el tiempo lo cura todo.
Esas heridas, con el tiempo ya no duelen, pero la marca que dejaron siempre estará en ti, y es por eso que me atrevo a decir que sí, que sigo enamorada de ti.
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