Hay un tiempo en el que todos somos felices, no nos preocupamos por nada y pensamos que tenemos miles de amigos que lo harían todo por nosotros porque simplemente nosotros haríamos lo mismo, cuando confías en la gente casi sin conocerla y cuando todo es perfecto.
Tienes el grupo de amigos de tu vida, lo compartes todo con ellos, sientes que eres la más afortunada del mundo... Pero no, en ese momento las cosas se tuercen, y entonces te das cuenta de que no todos somos felices, que hay miles de cosas por las que preocuparnos y que no todos son tus amigos, sino que hay miles de personas falsas que solo te tratan porque les conviene, y cuando obtienen lo que quieren ya no existes, que hay personas que te utilizan y que no puedes confiar ni en tu sombra. Te das cuenta de quiénes son aquellos que siempre estuvieron ahí, y quiénes no lo estuvieron nunca.
Hoy quiero dar las gracias a las dos partes:
- Los hijos de puta que han hecho todo por hacerme la vida imposible, porque gracias a ellos me he convertido en lo que soy ahora, ellos me han hecho fuerte.
- A mis amigos, mis hermanos, ¿por qué? porque gracias a ellos ya no me importa tener mil amigos, prefiero tener 10, pero como ellos.
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