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jueves, 11 de abril de 2013

Esos días.

Días en los que despiertas sin ganas de levantarte, se te han agotado las fuerzas para continuar y solo piensas en seguir soñando, ya que la realidad se ha convertido en una simple pesadilla continua de la que no puedes escapar. Miras por la ventan y solo ves gotas de agua suicidarse contra el cristal, un cielo gris y la misma ciudad de todos los días, pero más triste. Coges el móvil: no hay llamadas, ningún mensaje. ¿Motivo para levantarse? no ves ninguno. Él no va a llegar, está lejos, fuera de tu alcance.
 
Entonces empieza la lluvia de recuerdos, cuando tenías que levantarte pronto porque sabías que en cualquier momento vendría a verte y así empezaría otro día increíble y único que aprovechar al máximo. Empezaríais con un desayuno, seguido de mil te quieros, besos y caricias, en una carrera por llegar a la cama todavía deshecha por sueños que se estaban haciendo realidad en ese mismo momento con las luces apagadas.
Luego él se iría, y te dejaría un mensaje capaz de alegrarte el día por completo, dibujando en tu cara una sonrisa tonta que delataría lo enamorada que estabas.
Así un día tras otro, hasta que entras el razón: todo a cambiado y no puedes hacer nada. Lo mejor será volver a la cama y seguir soñando.

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